La leyenda de los Cuencos

Hace muchos, muchos años, la Tierra no estaba dividida en países, toda era una, existían tres Dioses.

Brahma, el Dios que creó el universo, desde los más grande planetas hasta las más pequeñas hormigas, desde los dinosaurios hasta las más bellas estrellas.

Vishnu, el Dios del equilibrio y la conservación, siempre muy ocupado porque si aquí hay mucha gente que hace el mal,  allí  tiene que haber mucha que haga el bien.

Y por último, pero no menos importante, Shiva, el Dios destructor, aunque también es el Dios del cambio y la transición.

Una vez que fue creado todo el Universo, Brahma estaba en paz viendo como transcurrían los días, todo en equilibrio y perfecto. Entonces se fijó en un pequeño planeta azul, donde había unos seres con forma parecida a la suya, parecía que estaban bien, pero no conseguía escuchar lo que decían, estaban muy lejos.

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Un día, Vishnu, tuvo que bajar a la Tierra, ya que algo sucedía con unas minas de metales, a los pocos días volvió y traía un aspecto horroroso, estaba sucio y lleno de cosas que brillaban de distintos colores. Cuando fue a ver a Brahma para informarle de su vuelta, éste se quedó con los ojos como platos al ver en el estado en que volvía.

Le preguntó que es lo que había sucedido, Vishnu le contó…

Los hombres tienen muchos problemas, rezan para pedirnos ayuda, sólo que es imposible con tanto ruido y distancia, además nos ofrecen objetos que hacen con metales y son muy bonitas, pero no nos enteramos de nada, mira, vengo lleno de ésos metales, brillo como el sol.

IMG-20180401-WA0095.jpgBrahma rió al ver la mueca que ponía su amigo al hablar, se levantó y empezó a quitarle los trocitos metálicos que llevaba por todo el cuerpo, los iba guardando en la de forma distraída y cuando terminó le dijo a Vishnu…

-Ve y aséate, cuando estés listo ven y vamos a buscar una solución.

Cuando Vishnu se fue, Brahma siguió pensativo dándole vueltas con un dedo a todos los metales que le había quitado a su amigo. Anduvo con ellos mucho rato pensando y pensando -¿Cómo podía hacer para escuchar a todas las personas de la Tierra? Al fin y al cabo eran sus hijos, él los había creado.

El calor de su mano hizo que los metales se fusionaran y al darle con el dedo formó una  especie de plato hondo, cuando se dio cuenta había formado un pequeño recipiente, al verlo lo pulió, hasta que estuvo perfecto. Entonces le dio con un dedo para ver si sonaba, al ver que sí, sólo que era muy débil y suave, buscó con qué darle, como había salido al jardín a pasear, vió una pequeña ramita caída en el suelo, la cogió y dio con ella, el sonido fue mayor y muy bonito, las vibraciones que emitían le proporcionaban una tranquilidad muy grata. Así estuvo un rato, dándole, ya que también parecía que salían distintas notas. Entre tanto empezó a pensar  a ver si Vishnu regresaba ya, quería enseñarle lo que había hecho. Al rato aparecióIMG_20180401_120851.jpg

-Dime Brahma, he oído que me llamabas para enseñarme algo.

-No, sólo estaba pensando, mis labios estaban sellados.

-Te he oído perfectamente decidme. -Ven pronto, quiero enseñarte una cosa.-

Entonces Brahma se quedó asombrado, ¡no había hablado y sin embargo Vishnu le había escuchado sus pensamientos! Se volvió hacia él con una gran sonrisa y los brazos abiertos.

-Querido Vishnu, ya tenemos solución- y le explicó lo sucedido, así podrían escuchar a los humanos

-¿Y cómo lo llamaremos?

-Se llamará Cuenco, porque es donde se van depositando las plegarias, los deseos, los temores y cuando esté lleno con un pequeño golpe del palo que le acompaña y en forma de sonido llegará hasta nosotros.

 

Para mi querida Ángela, un cascabel que llegó a mi vida en forma de amiga.

María Jesús Arenas Merlo